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¿PORQUÉ NECESITA UN OBJETO AFECTIVO?

¿PORQUÉ NECESITA UN OBJETO AFECTIVO?

‘NO SIN MI OSITO’

La mayoría de los niños se encariñan con algún objeto especial, como un chupete, un peluche o una mantita. Algunos padres se preguntan si esto no es señal de que le falta afecto paterno. No es así y este aspecto, junto con otros trataré en este artículo.

En los primeros años de vida del niño existen unos objetos con un valor excepcional: el chupete, pulgar, biberón, peluche etc. Todo padre sabe lo que significa ¡no tenerlos a mano en momentos cruciales! Desempeñan una función importante: proporcionan consuelo al niño. Por este motivo se los llama ‘objetos de consuelo’. Donald W. Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, los llama ‘objetos de transición’, porque facilitan el paso de lo conocido (papás, casa) a lo desconocido (guardería, niñera). Para el niño es más fácil afrontar su primer día de guardería con el chupete a mano y su osito debajo del brazo.

Veamos su función en las diferentes etapas:

0 – 1 año:

Los objetos más importantes en la primera mitad de este año son el chupete, el pulgar y el biberón. La necesidad por succionar es básica en el bebé y gracias a ella sobrevive. Las tomas no colman del todo esta necesidad, el bebé necesita succionar más. Ya lo hacía en el útero, según vemos en las ecografías; poco después de nacer pierde esta capacidad, pero luego la recupera y si es de su agrado, vuelve a chuparse el pulgar o dedo. También es posible que prefiera el chupete; él decide, como leemos en la carta de una madre: ‘Mi bebé (2 meses) se chupa el pulgar. Intento habituarle al chupete, pero lo rechaza’. Está claro: un bebé de pocos meses ya tiene sus propios gustos. La madre termina su carta con la pregunta: ¿Cómo le quito este hábito?’. Pero no debe impedirle este placer. Es un hábito completamente normal y lógico; además, el pequeñín que se chupa el dedo, puede ser menos dependiente de sus papás a la hora de calmarse, porque él mismo encuentra el consuelo deseado. Durante el primer año hay que permitirle chuparse el dedo o utilizar el chupete sin ningún tipo de restricción. Su vivencia de bienestar está relacionada con las sensaciones en torno a la boca. Por ello se llama este periodo ‘la fase oral’. Las tomas no sólo le alimentan, sino también le proporcionan intimidad, contacto corporal, mimos. Y el chupete, dedo o biberón prolongan este bienestar.

En la segunda parte del primer año empieza a aparecer la mascota. Hacia los 8 meses el bebé toma conciencia de que no forma una unidad con su madre, sino que son dos seres distintos. Descubre que debe afrontar momentos de soledad, porque su madre no siempre está a su lado. Esto le crea ansiedad (el así llamado miedo a la separación). Muchos bebés escogen en este periodo un peluche, como por ejemplo un osito, que se convierte en un compañero inseparable. Si éste es tu caso, alégrate. Le ayudará en momentos difíciles, porque es su puente entre casa y el mundo fuera. ¡No es señal de que le falte afecto! Los psicólogos Boniface y Graham (Inglaterra) estudiaron niños con mascotas y otros sin. Descubrieron que tener una mascota no tiene nada que ver con el seno familiar, ni el lugar que ocupa el niño en él, ni con la guardería o dormir solo. Es una buena idea comprar una de reserva e ir alternando las dos, de modo que en caso de pérdida, tu hijo no se quede sin su peluche preferido (o anota tu número de teléfono en él mismo).

Testimonio de una madre:

‘NO SIN MI OSITO’<br />
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La mayoría de los niños se encariñan con algún objeto especial, como un chupete, un peluche o una mantita. Algunos padres se preguntan si esto no es señal de que le falta afecto paterno. No es así y este aspecto, junto con otros trataré en este artículo.

‘Tomás (9 meses) se chupa su pulgar desde recién nacido. Suelo hacerlo cuando está cansado. Y ahora también tiene un osito inseparable. Cuando le entra sueño, lo busca y se lo aprieta contra su mejilla, mientras con la otra mano se chupa el pulgar. Es muy enternecedor y además muy práctico: es señal de que quiere dormir’.

1 –2 años: El niño come sólidos y succionar ya no es una necesidad básica para su supervivencia. No obstante, tomar el biberón, chuparse el dedo o chupete, sigue siendo muy importante para él; le trae buenos recuerdos de cuando en brazos de sus papás disfrutaba de la toma. Los objetos afectivos significan una prolongación del estadio paradisíaco del primer año. También le ayudan en los momentos en los que choca con su entorno; ya no todo lo que haga, está permitido, como en el año anterior. Ahora hay ciertas normas, no puede tocarlo todo, a veces debe estar sin sus papás, esperar un momento, etc. Esto le frustra, lo cual aún no tolera; entonces, el chupete, su dedo o biberón le consuelan y hacen más llevaderos estos sentimientos. Es bueno permitirle esta forma de autoconsuelo. No se trata aún ¡de malos hábitos! Además, la fase oral aún perdura en este segundo año. La mascota, mantita o cualquier objeto cobra mucha importancia en este periodo en el que el niño vive sus primeras separaciones (la entrada en la guardería, etc.). También es el periodo de los típicos miedos (oscuridad, animales, fenómenos naturales). El peluche preferido es su punto de apoyo y le facilita el paso hacia lo desconocido. La elección por la mascota es algo personal, pero todas tienen algo en común: su tacto es suave y son fáciles de agarrar (una oreja grande, una nariz que sobresale). Hay otra característica: suelen estar desgastados y descosidos de tanto manosear. Nunca debes decir nada al respecto ni comprarle otro nuevo; para tu hijo es el peluche más querido. Lávalo lo menos posible, para que mantenga su olor a casa.

Testimonio

‘A Laura (22 meses) le encanta llevar su osito consigo a todas las partes. Pero un día, durante un paseo, lo perdió. Aquella noche le costó mucho dormirse. Le busqué un peluche que en cuanto al tacto fuera parecido al que perdió. Ante mi asombro en unos días se había encariñado con él’.

2 – 3 años: Tu hijo tiene un mayor grado de madurez. Sabe que cuando no estás, volverá a verte. Antes vivía tu ausencia como algo definitivo, ahora entiende el concepto de la continuidad (lo que no se ve, sigue existiendo). Por ello la dependencia a los objetos afectivos suele ir disminuyendo, pero no desaparece del todo; en momentos difíciles (se cae, está frustrado, enfadado, tiene sueño), vuelve a su chupete, pulgar u osito. Pero los periodos en los que los necesita, son más cortos. El mismo lo indica; cuando esté preparado para ello, dejará su chupete u otro objeto. En nuestra sociedad existe la tendencia de estimular la independencia del niño cuanto antes (un destete e inicio en la etapa escolar tempranos, dormir solo), pero el niño necesita pasar por un periodo de dependencia antes de poder alcanzar la independencia. El niño al que se obliga pasar del chupete o biberón, no va a ser más independiente, sino más inmaduro e inseguro de sí mismo. El niño que deja su chupete, porque él mismo ya no lo necesita (dispondrá de otras formas de autoconsuelo), es un niño más independiente y confiado. Así que, si tu hijo aún necesita su chupete o pulgar, no te preocupes. ¡No es alarmante! Sólo un consejo: cuando está jugando y lleva el chupete puesto, anímale a que tú se lo guardas unas horas. En realidad no lo necesita, sólo lo lleva por costumbre. Llevar el chupete de forma continua puede acarrear problemas en el habla, de pronunciación o deglución como babeo. Y cuando le entra el sueño o a la hora del cuento, se lo das de nuevo. La dependencia de la mascota suele estar en su punto máximo a esta edad. Boniface y Graham descubrieron que la mascota ayuda al sueño: los niños con mascota conciliaron antes el sueño y se despertaban menos. Al contrario de lo que se puede pensar, existe una correlación positiva entre tener una mascota y la independencia del niño. La mascota le ayuda en ella.

Testimonio:

‘Mi hijo (30 meses) duerme con dos peluches, uno a cada lado. Sin ellos no concilia el sueño. Tengo mucha precaución para que no los pierda, por esto ya no le permito llevárselos fuera de casa. Parece aceptarlo, aunque no fue fácil’.

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La mayoría de los niños se encariñan con algún objeto especial, como un chupete, un peluche o una mantita. Algunos padres se preguntan si esto no es señal de que le falta afecto paterno. No es así y este aspecto, junto con otros trataré en este artículo.

3 – 4 años: El niño pasa gran parte del tiempo fuera de casa. El contacto con sus amiguitos y los juegos es lo que ahora entusiasma. La dependencia de los objetos afectivos ya es mucho menor; el niño es capaz de posponer sus deseos y tolerar cierto grado de frustración. El chupete o el biberón son ahora signo de una dependencia hacia la madre (más que la mascota ya que el niño no la ‘mamá’). Si tu hijo aún los necesita gran parte del día, conviene que le ayudes para adquirir cierta autonomía, según estos pasos:

 Limita el uso del chupete (o biberón) exclusivo para dentro de casa. Significa que no puede llevárselo al parque ni al colegio. Aborda el aprendizaje de forma positiva. ‘Sin él pareces mayor, estás más guapo, hablas mejor’ etc.

 Una vez que ya no protesta por dejar el chupete en casa, procede al siguiente paso: limita su uso a momentos concretos, como antes de dormir, cuando está malito, etc. hasta que finalmente sólo lo necesita para dormirse (es normal que aún lo necesite para este momento).

 Dale mimos y atención extra durante este proceso. Acariciarle la espalda, jugar con él, etc. son maneras eficaces para ello.

Deshabituarle del chupete es más fácil que el del pulgar. Si tu hijo recurre al pulgar de forma excesiva (no sólo en momentos puntuales), conviene que acuerdes con él una señal que tú hagas cada vez que le pilles chupándose el pulgar. Darle al mismo tiempo algo entre manos, como una pelotita, plastilina o un muñequito blando también es efectivo. ¿Tu hijo, de 5 años, está realmente obsesionado con su chupete o pulgar y te preocupa su dentición? Una visita al pediatra, que le hable seriamente, a veces ¡funciona de maravilla! Entonces, celebra este nuevo hito con una pequeña fiesta.

Testimonio

‘Cuando mis trillizos (una niña y dos niños de 3 años) salen del colegio, la niña se encarga de repartir los chupetes. Creo que los necesitan para desahogar las tensiones del día. Pero una vez que se ponen a jugar, se olvidan totalmente de ellos’.

‘NO SIN MI OSITO’<br />
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La mayoría de los niños se encariñan con algún objeto especial, como un chupete, un peluche o una mantita. Algunos padres se preguntan si esto no es señal de que le falta afecto paterno. No es así y este aspecto, junto con otros trataré en este artículo.

LIBROS INFANTILES QUE AYUDAN EN EL PROCESO DE DEJAR SUS OBJETOS AFECTIVOS:

. \\'El chupete de Dudú’ Juventud

. \\'El príncipe Pedro y el osito de peluche’ Lumen

. \\'Mi mejor amiga, la mantita’ Gaviota

. \\'La manta de Flora’ Grijalbo / Mondadori

. \\'Quiero mi chupete’ Anaya

DATOS CURIOSOS:

 Los bebés que prefieren el chupete, no suelen chuparse el dedo.

 Los dedos o el pulgar que el niño chupa, suele ser de la mano la que, de bebé, movía libremente durante las tomas.

 El uso del chupete parece tener un efecto positivo en el riesgo de la muerte súbita. Los estudios demuestran que los bebés, que fallecieron por esta causa, en su mayoría no llevaban un chupete. El motivo es, seguramente, que en este caso la respiración es regular y tranquila.

 Los gemelos suelen recurrir menos a las mascotas. Seguramente el hecho de contar en todo momento con el hermano gemelo influye en ello.

 La mascota puede seguir siendo importante hasta pasada la primera infancia. No indica ningún problema ni es necesario hacerle desaparecer. El niño dejará de recurrir a ella cuando esté preparado. La mascota se convertirá en un bonito recuerdo de su infancia.

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