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IMITARSE EN CONDUCTAS Y EMOCIONES

Muchas veces los padres de gemelos me comentan que sus hijos se imitan. Si uno quiere un vaso de leche, el otro también lo pide.

O si uno empieza a jugar con los bloques de madera, el otro, que estaba dibujando, deja su actividad y le acompaña al hermano en la construcción. ¿Por qué lo hacen? Y ¿hasta qué punto deben honorar los padres tales conductas? Al otro ¿también se le da un vaso de leche, aunque acaba de beberse agua?

La imitación juega un papel in el aprendizaje del niño. Mejor dicho: el niño aprende gracias a la imitación. Coge por ejemplo un peine para peinarse. O corre a coger el teléfono y «contesta». Los niños imitan a los padres, pero también los hermanos pequeños imitan a sus hermanos mayores. Y en los niños nacidos de un parto múltiple es habitual que se imiten entre sí.

No siempre resulta fácil para los padres. El grado de imitación puede ser continuo y hasta excesivo, como vemos en el comentario de Cristina:

Muchas veces los padres de gemelos me comentan que sus hijos se imitan. Si uno quiere un vaso de leche, el otro también lo pide.

«Una de mis gemelas dizigóticas, de dos años y medio, imita continuamente a su hermana. Si esta quiere agua o hacer pis, ella también, aunque no tenga necesidad. Y así con todo».

Aquí influye el hecho de que el ‘yo’ está todavía en proceso de formación. A esta corta edad aún no se ha asentado. En ellos la sensación de ‘nosotros’ es más fuerte que el ‘yo’. A medida que los niños vayan conociendo el ‘yo’, este tipo de imitaciones irá disminuyendo y terminará por desaparecer. Pero de momento les sirve para aprender y también para asegurarse de la misma atención que el hermano. Así que mi consejo es satisfacer en la medida de lo posible las demandas de ambos, mientras dure esta fase.

CUANDO EL AFÁN POR IMITAR SE CONVIERTE EN UNA OBSESIÓN

A veces el afán por imitarse puede llevar a una conducta, parecida a una obsesión. Lo cuenta Angela:

Muchas veces los padres de gemelos me comentan que sus hijos se imitan. Si uno quiere un vaso de leche, el otro también lo pide.

“Mis gemelos, monozigóticos de 3 años, necesitan hacer lo mismo en todo. Cuando, por ejemplo, andamos por la acera y uno empieza a saltar las baldosas rojas, el otro lo imita, pero desde el punto ¡en que su hermano empezó! Así que retrocede y empieza a hacer lo mismo desde la misma baldosa. Cuando tenemos prisa, le digo que no lo haga, pero entonces coge una rabieta tremenda. Así que en la mayoría de los casos se lo permito. A veces me resulta muy frustrante. No entiendo esta necesidad. ¿A qué se debe?”

Parece que para estos gemelos monozigóticos el mundo solo está en paz si viven lo mismo. Esto, otra vez, tiene que ver con que el sentido del “nosotros”, la sensación de ser una unidad, en la que uno es parte del otro, aún es muy fuerte. Si no comparten sus vivencias, les falta el equilibrio. Esto les causa desconcierto y ansiedad. A esta edad aún es un fenómeno lógico. Juan, padre de gemelos monozigóticos, se frustraba mucho al ver que sobre todo uno de sus hijos siempre quería lo que hacía el otro. Como si no tuviera su propia personalidad, me dijo. Le expliqué que en los gemelos suelen darse estas conductas. No obstante, viene bien empezar a crear momentos individuales con cada niño, como irse con uno al parque, a la biblioteca infantil etc., desde una edad temprana. Estas salidas sin el co-twin les ayuda a desarrollar el ‘yo’. Es posible que al principio protesten porque aún tendrán que aprender a disfrutarlo. Hacerlo de modo gradual es la mejor táctica. No sólo ocurre en los monozigóticos, también recibí una consulta de Sonsoles, madre de una pareja de niño y niña. Lo cuenta:

“Mis mellizos, niño y niña, tienen 4 años. El niño imita mucho a su hermana hasta tal punto que solo está feliz con un regalo si es el mismo que recibió ella. Ahora para una fiesta especial en el colegio los papás hacemos unos modelos de papel, como un caballo, un robot, un barco, para los hijos. No sé si elegir el mismo modelo o no. A la niña le gustará el caballo. A él le iría más el robot, pero sé que va a estar infeliz si no recibe lo mismo. Creo que de momento optaré por el caballo para los dos”.

Los gemelos suelen imitarse tanto en lo negativo como en lo positivo.

María:

«Si a uno de mis trillizos le riño por tocar el vídeo, los otros dos empiezan a hacer ¡lo mismo! Y lógicamente les tengo que reñir también. Es desesperante».

Pero también ocurre lo siguiente:

«La niña suele dar un beso al hermanito que se cae (en esto me imita a mí). Ahora los otros dos, en cuanto oyen llorar a uno, vienen corriendo a dar un beso a la víctima».

IMITARSE EN LO EMOCIONAL

Los gemelos también se imitan en las emociones. O quizás sea mejor decir: se influyen emocionalmente. Cuando uno está tenso, el otro termina sintiendo lo mismo. La emoción de uno resuena en el otro y también lo vive. Es un proceso de resonancia emocional, que crea una camaradería en interacciones afectivas, llamadas por dr. Donald Nathanson, investigador de la emoción humana, ‘the fellowship of feeling’, la comunión de sentimientos. Los gemelos perciben nítidamente las expresiones faciales y los gestos del otro y estos les influyen. Por ejemplo, a Eva, de 3 años, le cuesta la adaptación al colegio. Llora en clase y está intranquila. Su hermana gemela a la que la separación de la madre le cuesta mucho menos, termina llorando también. Viven emociones compartidas.

Esto puede ser la explicación de un fenómeno, llamado ‘recuerdos disputados’. Se trata de lo siguiente: muchos hermanos comparten recuerdos de su infancia sobre los cuales disputan quién lo vivió. ¿Te acuerdas que me caí de la bicicleta y rompí mi brazo? “Oye, este fui yo”. “No, tú estabas a mi lado y no hacías más que llorar”. No logran descubrir quién vivió el accidente. Los recuerdos disputados se dan entre hermanos de distintas edades en un 12%; entre los gemelos dizigóticos en un 25% y entre los monozigóticos en un 62%.

Debido a la estrecha convivencia puede resultarles difícil discernir entre las emociones propias y las del otro. ¿Estoy triste por mí o lo estoy por mi co-twin? Es un fenómeno común a todos los seres humanos, pero para gemelos en mayor grado. Los hijos de parto múltiple deben aprender a mantener su integridad emocional individual, aun estando muy compenetrados el uno con el otro u otros. Los padres son importantes en este aprendizaje que no es otro que la búsqueda del “yo”. Su capacidad de ver el individuo en cada hijo y darles una educación individualizada es lo que les enseña el sentido del “yo”. Esto es más importante que tener habitaciones separadas o estar en clases separadas.

Coks Feenstra

Psicóloga infantil, especializada en gemelos



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