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TODO LO QUE CONVIENE SABER SOBRE HÁBITOS, MANÍAS Y TICS INFANTILES

TODO LO QUE CONVIENE SABER SOBRE HÁBITOS, MANÍAS Y TICS INFANTILES

Cada vez me llegan más preguntas y consultas de padres sobre este tema. No tengo duda de que el porcentaje de niños que sufre este problema, está aumentando.

Hay varios motivos. Los niños hoy en día están más expuestos a situaciones estresantes. Entre ellas, está el alto porcentaje de familias separadas. Una separación de padres desequilibra la vida del niño. El número de familias donde ambos padres trabajan también aumentó, por lo cual los niños pasan hoy en día más tiempo fuera de casa (guarderías, centros educativos, etc.). Las oportunidades para el juego en la calle al aire libre han ido disminuyendo paulatinamente con el aumento de coches, edificios etc. El tiempo para jugar en casa también se redujo, ya que muchos niños hacen actividades extra-escolares. El juego es justo el medio por el que un niño asimila sus experiencias, lo que le ayuda a liberarse de tensiones y frustraciones.
Por tanto, no es extraño que hoy en día muchos niños sufran hábitos nerviosos, manías o tics. Asimismo es un reflejo de la vida de los adultos, tampoco exenta de estrés y agobios.

Aunque la línea divisoria es fina, conviene distinguir entre las diferentes expresiones de tensión que puede mostrar un niño en la primera infancia.

LOS HÁBITOS NERVIOSOS
Se calcula que un 10% de los niños desarrollan en su infancia un hábito nervioso que les ayuda a descargar tensión y reducir ansiedad. Se chupan el dedo, se enredan el pelo, se mordisquean la manga del yérsey o presentan algún otro hábito para momentos de cansancio o tensión. Algunas veces aparecen en determinados periodos, por ejemplo con las primeras separaciones de los papás cuando el bebé sufre el miedo al extraño (en torno a los 8 meses). El niño se aferra a la mantita y la chupa, porque así se calma y supera la tensión que le supone la separación de sus padres. Normalmente los hábitos desaparecen a medida que el niño maneja mejor la ansiedad gracias a una mayor madurez y a que aprende mejores maneras para afrontar el estrés de cada día. Por ejemplo el pequeño adquiere mayor fluidez al hablar y ya no se bloquea o pierde el miedo a estar un rato sin sus padres. Estos hábitos también los llamamos ‘el hábito de auto-consuelo’. El niño se chupa por ejemplo su pulgar, mientras acaricia su peluche. Con ello evoca la situación cuando mamaba (o tomaba el biberón) en brazos de mamá /papá. En esa situación se sentía protegido y feliz y ahora, cuando la vida le presenta una situación difícil, la imita, con tal de afrontar el reto. Indica, por tanto, un mecanismo de autodefensa, un paso hacia su madurez.

En general los hábitos nerviosos no son preocupantes, ya que son inherentes al proceso de crecer. Se dan 2 a 4 veces más en los niños que en las niñas. Tienen una parte hereditaria (si uno de los padres rechinaba los dientes, es probable que el hijo desarrolle el mismo hábito) y también influye el carácter: los niños nerviosos, avispados y tímidos los sufren más que los tranquilos. Y los niños muy sensibles también son más dados a desarrollar hábitos nerviosos.
¿Cómo ayudarle para erradicar el hábito nervioso?
Primero hay que reflexionar si es necesario. A una niña de 2 ó 3 años que se chupa el pulgar, no es necesario intervenir. Probablemente lo deja de hacer al madurar. Si a los 8 años todavía lo hace, conviene actuar. En un 9% de los casos la succión del pulgar persiste hasta los 12 años.

Unas pautas:
• Elógiale cuando no recurre a su hábito. Reñirle cuando lo hace, daña su autoestima y aumenta su estado de tensión. Y por ende su hábito.
• Enséñale a relajarse. En un niño menor de 3 años, puedes conseguirlo mediante un masaje, un baño o música relajante. Es importante hacer el masaje en forma de juego. Por ejemplo, de este modo: recorre su espalda con una pluma (de un pájaro), diciéndole algo como ‘mamá te hará cosquillas ¿vale?’. Luego él podrá hacerlo a su oso. Apd los 3 años puedes hacer ejercicios con él, como uno de respiración: túmbate con él en la cama; pon un peluche sobre su vientre para que perciba su respiración. Enséñale a hinchar y deshinchar su vientre como si fuera un globo. ‘Mira como tu peluche sube y baja’. Su respiración se hará más profunda y relajada. Practica con él también la relajación de las manos: hacer un puño, tensar la mano y soltarla. Enséñale las palabras para ello: relajado-tenso.
• Intenta que el día transcurra de un modo previsible. Procura que tu hijo descanse lo suficiente. Es importante que haya ratos para el juego libre. Y léele un cuento antes de dormir.
• A partir de los 5 años: ayúdale a ser consciente de su hábito. Se enreda el pelo o rechina los dientes sin darse cuenta. Acuerda con él una señal que le harás cuando lo hace, como por ejemplo levantar tu mano. Es una forma respetuosa para recordárselo y evita que otras personas se enteren.
Cada vez me llegan más preguntas y consultas de padres sobre este tema. No tengo duda de que el porcentaje de niños que sufre este problema, está aumentando. • Cambiar la situación a veces es suficiente para que el hábito desaparezca. El niño se balancea en su cuna para dormirse, pero no lo hace cuando duerme en una cama. O la niña siempre pide el chupete al salir de la guardería hasta que su madre lo ‘regala’ a su prima recién nacida. Al no haber chupetes en casa se ‘olvida’ de su hábito. El hábito se puede sustituir por alguna alternativa. No es prudente prohibirle su hábito sin más, ya que lo cambiará por otro.
• Un muñeco, una pelotita, un rompecabezas tridimensional o cualquier actividad que mantengan ocupadas sus manos, son buenas alternativas para algunos hábitos nerviosos. Ahora su tensión se dirigirá hacia ellas. Por ejemplo, Marisa dejó de acariciar la oreja de mamá (su ‘calmante’ para dormirse) cuando le regalaron una muñeca de tela con orejas grandes.
• Si se trata de morderse las uñas, el mejor remedio es distraerlo, darle una pelotita de goma o animarle con algún premio para dejarlo. Impregnar los dedos con una sustancia de mal gusto o tapar las uñas, son remedios ineficaces.
• Si el hábito se intensifica durante el proceso de quitárselo, es señal de que el niño aún no está preparado para ello. Si no interfiere en su vida diaria, hay que esperar un tiempo. Pero en caso contrario, hay que acudir a un psicólogo infantil.

LAS MANÍAS
Las manías son costumbres y conductas que el niño repite a menudo. Son como rituales pero con un carácter obsesivo. Por ejemplo María solo come cualquier alimento cuando la madre le añade salsa de tomate. Y Oscar no quiere salir de casa si no se lleva un pañal en su mano.
No debemos confundirlo con las rutinas y los rituales que pide un niño pequeño de 2 a 3 años, cuando por ejemplo cada noche quiere el mismo cuento, la misma canción y la misma secuencia de actividades, antes de entregarse al sueño. En este caso la rutina es normal en su vida, que le proporciona seguridad. Sabe a qué anticiparse y la orden fija le da una sensación de control sobre el mundo.
Pero en caso de manías el niño (o la niña) ya tiene más edad e insiste en que se haga las cosas de un modo determinado. En este caso la manía se están convirtiendo en una obsesión. Las obsesiones son ideas o pensamientos repetitivos que surgen de forma incontrolable y frecuentemente en la mente del niño causándole un elevado grado de ansiedad.
Cada vez me llegan más preguntas y consultas de padres sobre este tema. No tengo duda de que el porcentaje de niños que sufre este problema, está aumentando. Manías frecuentes son, por ejemplo, la de lavarse las manos de modo continuo, comer o dormir solamente con una serie de premisas, jugar de una manera determinada (poniéndolo todo en orden sin poder entregarse al juego), etc. Cuando las manías son tan frecuentes que impiden el funcionamiento normal del niño e interfieren en sus juegos, hablamos de un trastorno, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). En este caso se necesita la ayuda de un psicólogo infantil.
Generalmente las manías infantiles son pasajeras. La mejor manera de afrontarlas es con comprensión y calma. Es importante entender el por qué de sus manías. Son irracionales para nosotros, pero para el niño cumple la función de aliviar su tensión y de transmitirle tranquilidad. Por tanto, debemos respetarlo y buscar maneras de aliviar su tensión. Los consejos dados en el apartado de los hábitos nerviosos también sirven aquí.

LOS TICS
Los tics son movimientos involuntarios, bruscos, rápidos y repetidos. Son una descarga de tensión. Guiñar el ojo, hacer muecas, carraspear o encogerse de hombros y muchos más constituyen un acto que el niño no es capaz de dejar de hacerlo. Los tics escapan totalmente a su control. En el fondo es algo necesario para el niño, ya que equilibra su carga interna de ansiedad-agresividad. El niño no lo hace intencionadamente ni lo puede remediar. Hay diferentes tipos, como los tics motores, con ejecución de movimientos en la parte superior del cuerpo (cara y tronco); entre ellos los fáciles (guiños y parpadeos) son los más frecuentes. El niño pestañea. También existen tics fónicos o ruidosos, como carraspeos.
El pediatra debe descartar causas físicas. Si no las hay, habrá que analizar el entorno del niño, su personalidad y su adaptación al colegio. Si el tic persiste, la ayuda de un psicólogo infantil está indicada. Esta persona averigua la fuente de tensión del niño y le ayuda a relajarse mediante ejercicios y sesiones de terapia, a través del juego.
Un tic también puede desaparecer por sí solo, una vez que el niño asimile una situación difícil. Por ejemplo Javier, de 4 años, guiña el ojo desde el nacimiento de su hermanita. Pero la atención y comprensión de sus padres hace que al cabo de unos meses el tic desaparezca.
No así en Guillermo, 9 años, que toca sillas, mesas y paredes de modo repetitivo y continuo. No entiende el porqué, pero en la terapia aprende que lo hace desde que su madre cayera enferma. Es su modo para ahuyentar su ansiedad, el miedo de que le pase algo. Mediante un mágico conjuro (tocar las paredes, etc.) piensa que todo irá bien. En la terapia es capaz de expresar sus emociones y sentir su ansiedad. El tic desaparece.

A veces es fácil averiguar el motivo del tic, como en estos casos, en que influyen sucesos impactantes, aunque el niño no sepa indicarlo (divorcio, nuevo bebé en la familia, mudanza, cambio de colegio hasta incluso una película etc.). Otras veces su vida es tan llena de actividades e impresiones que le falta momentos de relax o intimidad con sus padres para asimilar lo vivido. Esto también causa estrés. Y también el no dormir suficiente puede provocar un tic. Los tics aumentan con el cansancio y las emociones. No suelen aparecer antes de los 5 ó 6 años. La mayoría de los tics desaparecen dentro de unas semanas a un año. Si no es el caso, conviene acudir a un psicólogo infantil.
Unas pautas:
• No le critiques nunca por su tic. Lo más acertado es no decir nada al respecto.
• Intenta averiguar qué es lo que lo provoca y pon remedios.
• Haz ejercicios de relajación con él (lee las pautas antes mencionadas para los hábitos nerviosos).
• Llévalo a un psicólogo infantil. Mediante la técnica del ‘procedimiento de inversión del hábito’ tratará el tic, además de analizar los problemas del niño.
Conviene tener en cuenta que ciertos tics o manías son síntoma de un trastorno serio, como el autismo, el síndrome de falta de atención e hiperactividad o, en caso de tics, el Trastorno de la Tourette. Por tanto, en caso de que, aparte de este problema, haya otros, siempre conviene acudir a un psicólogo infantil.

Coks Feenstra
Psicóloga infantil



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