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¡SOCORRO! MI HIJO COME MUY POCO

¡SOCORRO! MI HIJO COME MUY POCO

Uno de cada cuatro hijos come mal durante un periodo. Sin duda para ti resulta desesperante, aunque pocas veces esa inapetencia es motivo para la alarma. La mayoría de estos niños tienen un crecimiento adecuado. Te explicaré cuál es la causa y cómo tratar este problema.

Dentro del grupo de niños que comen poco, debemos distinguir entre los que pasan por un periodo de inapetencia y los que comen poco de costumbre (algunos incluso desde bebé).
En 2001 yo misma hice una investigación entre 70 niños mal comedores de madres lectoras de la revista Crecer feliz. Un 46% eran niños con poco apetito habitual. El 85% de sus padres también habían sido malos comedores en su infancia, lo cual indica que en la inapetencia influye un componente hereditario. Y el 54% de los niños solo comían mal durante un periodo, de unos meses hasta un año o más. Pero lo que fue el dato más significativo de esta investigación era que el crecimiento del niño poco comedor fue satisfactorio. Entre los 70 niños sólo hubo dos que necesitaban la ayuda de, respectivamente, un alergólogo y psicólogo porque su mal comer interfería en su crecimiento. Pero los demás niños, el 97%, tenían un crecimiento adecuado, a pesar ¡de lo poco que comían!

UNA DISMINUCIÓN DEL APETITO A PARTIR DE LOS 12 MESES
¿Cómo es posible? te preguntarás seguramente. Es importante tener presente que todo niño –habiendo comida- come ¡lo que necesita! El niño está dotado con un centro de regulación de apetito, situado en el cerebro que es prácticamente infalible. Esto hace que el niño coma lo que necesita, que en muchos casos es realmente poco, pero suficiente.
Esto tiene su explicación: a partir del primer año el crecimiento del niño se ralentiza. Mientras el crecimiento es enorme durante el primer año de vida (el niño triplica su peso del nacimiento y crece entre 20 y 25 cm), en el segundo año –y los sucesivos- aumenta de 2 a 2,5 de kg y crece entre 6 y 8 cm hasta la adolescencia. Esto implica que el niño necesita ¡menos alimento! Las madres suelen sobrevalorar las cantidades que el niño necesita para crecer y por ende preocuparse en vano. La disminución del apetito tiene, por lo tanto, una causa fisiológica, además de otros factores de índole psicológica:

 El niño aprende a hablar y andar. Desde que domina estas habilidades, no hay para él otra actividad más gozosa que la de moverse, trepar, descubrir y hablar, que le ocupa por entero. El placer de comer pasa a un segundo plano; es más, estarse quieto para comer lo vive como una interrupción de sus actividades preferidas.
 El desarrollo del propio ‘yo’. El niño empieza a descubrir que es una persona autónoma y no una parte de su mamá. Esto conlleva que le guste imponer su voluntad. La comida es una excelente ocasión para ello y más si tú insistes en que coma. Así practica su independencia y afianza el ‘yo’. Por ello es tan importante que no te enzarces en una batalla con él.

ESTRATEGIAS PARA EL NIÑO POCO COMEDOR
Uno de cada cuatro hijos come mal durante un periodo. Sin duda para ti resulta desesperante, aunque pocas veces esa  inapetencia es motivo para la alarma. La mayoría de estos niños tienen un crecimiento adecuado. Te explicaré cuál es la causa y cómo tratar este problema. Tú misma puedes influir en que no haya tensiones en torno a la comida. Aplica estas pautas:

 Confía en su apetito. Se trata de un instinto básico, regulado por el cerebro y (casi siempre) infalible. También el niño poco comedor come lo que necesita. ¿Cómo lo puedes comprobar? Muy sencillo: si tu hijo no pierde peso y sigue creciendo, si juega y está vivaracho, indica que está bien alimentado.
 Evita que la comida se eternice: 10 a 15 minutos son suficientes. Ponle el plato y retíralo en cuanto empiece a jugar con los alimentos. O, en caso de que le des cucharadas, en cuanto gire la cabeza, escupe o vomite. Puede que tu hijo sólo haya tomada unas pocas cucharadas. Seguramente serán suficientes. Compruébalo en el recuadro. No le prepares otro plato ni dale nada al cabo de una hora. Así aprende a comer en las horas establecidas y no atiborrarse de calorías vacías (picar entre horas).
 No eres responsable de que tu hijo coma o no, pero sí de lo que le prepares. De ello depende si se acostumbra a platos saludables y nutritivos, lo cual determinará sus futuros gustos. Prepárale comida pensando en los cuatro grupos alimenticios. Si no toma un determinado alimento, por ejemplo lentejas, no es preocupante. Lo compensa tomando otro del mismo grupo alimenticio, como arroz. No existen alimentos imprescindibles, sólo ¡grupos de alimentos imprescindibles! La información sobre los grupos vendrá a continuación.
 Es aconsejable comer en familia, ya que veros comer le hace comer (le gusta imitaros). Y también es probable que quiera probar algo de vuestros platos. Dejarle participar en poner la mesa o preparar ciertos platos también puede suscitar su interés por comer. Prescinde de la tele para que paséis un rato agradable en familia.
 Procura que tu hijo esté activo. Tras una tarde en el parque tendrá más apetito que mirando la tele. Procura que no cene demasiado tarde, ya que el cansancio interfiere en el apetito. Opta en este caso por una merienda /cena.
 Evita las batallas y los chantajes en torno a la mesa. Tu hijo come en función de su apetito y no para (des)agradarte. Las tensiones creadas por una batalla de poder (‘Hijo ¡come!’ ‘No, mamá, más no’) disminuyen su (ya poco) apetito. Además, si prestas mucha atención a sus ‘noes’ (dándole cucharadas, cantándole, haciendo payasadas etc.), refuerzas su conducta rebelde. Aprende que actuando así ¡obtiene toda tu atención! Si, al contrario, le dejas bajar de su silla en cuanto pierde el interés, no hay lugar para batallas.
 Sé flexible; los niños suelen pasar por periodos en los que de repente se antojan por algún alimento, como por ejemplo queso rallado o tomate de salsa. Permítele que lo mezcle con todo, mientras no se limite a ello (en este caso sí debes ser contundente). Estos antojos desaparecen por sí solos, ya que el niño llega a un estado de saturación. Puedes sacar provecho de ello, introduciendo un nuevo alimento, aliñándolo con un poco de su alimento preferido.
 Si estás preocupada, consulta tu pediatra que descartará cualquier causa física como anemia, una enfermedad infecciosa o la celíaca. Si todo está bien, tu hijo simplemente tiene poco apetito. Suelen ser niños delgados y vivarachos, pero ¡no menos sanos ni menos fuertes que otros con más apetito!

UN PROBLEMA TRANSITORIO
Parte de tu desesperación tiene que ver con la sensación de que este problema no tenga fin. Pero no es así. En la mayoría de los casos se trata de un problema pasajero, que termina una vez establecido el concepto del ‘yo’. No obstante, los niños con poco apetito como rasgo genético suelen continuar así durante más años. Si este es tu caso, debes aceptar este hecho y fijarte más en su curva de crecimiento que en el contenido de su plato. Y también en estos casos la situación suele mejorar, ya que al crecer el niño necesita más alimento. Recuerda que alimentar al niño siempre debe ser un acto de amor y gozo para ambos en el que la variedad de los alimentos es más importante que la cantidad. O como decía una de las madres de mi grupo de investigación: ‘He aprendido a valorar lo que come en vez de lo que deja en el plato’.

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En otro artículo de este mismo apartado podrás leer lo que tu hijo más o menos debe comer.
Y más información en:
¡Socorro! Mi hijo no come’ Coks Feenstra, Editorial UNO. Asequible a través de este site.



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